The Cure agranda su leyenda

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El grupo realizó un amplio repaso a su discografía en el Primavera Sound

Más de dos horas de The Cure y uno empieza a parecerse a Robert Smith y suspirar y pintarse los ojos y creer en los vampiros y adorar a las arañas y morderse la lengua y los labios y enrojecerlos y, por favor, tantas cosas. La banda británica paró el tiempo ayer en el Primavera Sound e introdujo a los más de 35.000 personas asistentes en un universo paralelo, donde el melodrama, el pop perfecto y la emoción desatada se juntan para crear un mundo mejor. Era el concierto estrella de esta edición y no defraudó. De «Boys don’t cry» a «Friday I’m in love», el repertorio era para las grandes masas y ya se sabe, cuando se miman a las masas, estas son muy agradecidas. «¿Estáis viendo esto?», preguntaba un chica incrédula a sus amigos. Y sí, lo estaban viendo, nadie le quitaba ojo al escenario.

La tarde del viernes tuvo otros momentos de lujo, como el haber recuperado al mejor Rufus Wainwright, harto de querer parecerse a Liza Minelli. De nuevo, su pop barroco, de arreglos extrañísimos y mucho dramatismo, consiguió encandilar al público. También destacaron los oscuros The Chameleons, devueltos al futuro desde los años 80 con ese culto a las canciones perfectas, cuatro minutos construidos desde la oscuridad y el tenebrismo para poco a poco hacernos ver la luz. The Cure no pudo tener mejores teloneros.

Y eso que la gente ya empezaba a estar cansada, después del maratón del jueves. Después de la nueva lección de Wilco aparecieron unos oxidados Franz Ferdinand que no consiguieron hacer mover la maquinaria de su pop guitarrero para las discotecas. Sus canciones desprenden euforia, pero la madrugada del jueves sólo desprendieron olor a queso, nada muy musical, continuamente lastrados por las canciones de su nuevo y aún no editado disco. Un poco antes, The XX ralentizaron tanto su sonido hipnótico, de pocas notas y atmósferas nocturnas, que la gente empezó a caminar en cámara lenta y a ser incapaz de huir de allí en busca de algo más movido.

Imponentes canciones
A parte, Beirut volvió a granjearse el título de pastor de cabras y fue incapaz de trasladar al directo sus imponentes canciones, sustentadas sobre todo en el detalle y la sutileza de las composiciones. Los que volvieron a estar por sus fueros fueron Spiritualized y su nueva mezcla entre el gospel, la espiritualidad negra y psicodelia de laboratorio.

A partir de allí, Death Cab For Cutie estuvieron correctos, pero aburridos, porque son correctos, pero aburridos y no pueden salir de allí; y Thee Oh Sees volvieron a demostrar que la distorsión y el lo-fi a veces son más complejos que todo el rock progresivo de los 70.

Por último, los suecos Refused volvieron a demostrar que hay mucha mala baba en el norte y sus ruidosa apropiación del hardcore más metalero dejaron al público con la boca abierta.

Las propuestas del sábado
– Justice. Este dúo francés, responsable de uno del himno generacional «We are your friends», regresa al Primavera con su segundo disco en el que hacen todavía más énfasis en las estructuras del rock para recuperar la pista de baile como zona de guerra. Escenario San Miguel, 1. 45 h.
– The weeknd. Este productor ha conseguido que el R&B no suene urbano, torturado y cosmopolita atrayendo a gurús de la música negra y los adalides del pop anglosajón blanco. Sus canciones son arquitecturas perfectas. Escenario Pitchfork, 00.30 h.

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