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No conocerás a nadie tan apasionado por su oficio como Eric Kingdon. Empezó a trabajar para Sony hace más de 30 años, durante el lanzamiento del emblemático Compact Disc, ni más ni menos, y ahora Eric es uno de nuestros especialistas en audio de confianza. Colabora incluso con nuestros ingenieros de sonido aquí en Sony para ajustar con precisión cada producto que se va a lanzar al mercado europeo. Es por esto que le consideramos “El oído de Europa”.

Pero hoy, sentados con un café, Eric nos describe cómo ha acabado dedicándose a una profesión tan distinta.

Los inicios en el audio

“Fui a la universidad para estudiar Medicina y después del primer año decidí cambiar a Bioquímica. Al final lo dejé por una propuesta para empezar a trabajar con un chico de la Universidad de Norwich, pero entonces vi un anuncio en el que se buscaba gente para trabajar en una tienda nueva de equipos de Hi-Fi y, no sé bien por qué lo hice, pero lo dejé todo y me fui allí a trabajar”. Después de unos años en la tienda, acabó consiguiendo un trabajo aquí en Sony como formador de productos técnicos.

Pero éste no fue el comienzo de su exitoso romance con el audio. De hecho, no fue ni en el primer comercio de equipos de Hi-Fi en el que trabajó. “Mi tía tenía una tienda y, cuando era niño, recuerdo escuchar ese sonido. Sonaba tan distinto a todo lo que existe en la actualidad… Cuando le pregunté qué era aquello, mi tía levantó el mostrador y en la esquina había un HMV Stereomaster”, afirma Eric con la misma mirada de asombro de aquel niño que escuchaba “aquel sonido” por primera vez; su entusiasmo es contagioso.

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“Por muy ridículo que suene, eran unos altavoces bastante adelantados a su tiempo… podíamos ponerlos en la esquina de una habitación y usaban la reverberación de las paredes para crear una imagen de sonido mayor. Estaba reproduciendo una obra de música clásica que sonaba fantástica, cuando empecé a preguntarme: ‘¿Qué pasaría si se colocaran los altavoces algo más alejados? ¿Por qué tienen que estar en la caja? ¿Por qué no se pueden separar?’ Y así fue como empezó todo. A partir de entonces, me enganché por completo”.

La mayoría de la gente tiende a crear su colección de música antes de invertir en un equipo que la haga sonar de maravilla, pero Eric optó por hacer lo contrario. “Primero fui un entusiasta de los equipos de Hi-Fi, y luego me volví un apasionado de la música. Todo el dinero del que disponía lo solía gastar en estéreos, pero tenía también una pequeña colección de discos. Un día, me quedé mirando mi equipo y pensé: ‘La verdad es que no escucho mucha música, esto está un poco descompensado’”.

La resistencia del vinilo

A continuación, hablamos de todos los aspectos de la música, desde cómo le apasiona el ambiente animado de un espectáculo en directo (“no se trata de una histeria masiva, sino de una emoción masiva”), hasta del proceso de recopilar y reproducir vinilos. No se puede ignorar el gran ‘boom’ en la venta de vinilos de los últimos años, y aunque Eric escucha todo tipo de formatos de audio, da la impresión de que tiene una cierta debilidad por el vinilo.

“El amor hacia el LP no se debe sólo a que es un tipo de sonido especial, también lo es el proceso de escogerlo, guardarlo como un tesoro y colocarlo en el plato del tocadiscos; es un ritual. La música es realmente importante por muchos motivos. No se trata simplemente de afirmar: ‘Este es un buen tema’, detrás de la música hay mucho más”.

La revolución de la alta resolución

Debido a la combinación de bandas anchas más rápidas y un almacenamiento incesante, los hábitos de escuchar música han cambiado, con una abrumadora tendencia a escuchar mucha música con rapidez en lugar de tomarse el tiempo para disfrutar adecuadamente de una pieza musical. Sin embargo, Eric piensa que el audio de alta resolución tiene el poder de hacer que las personas aprecien y redescubran la música que les encanta.

“No puedes tocarla, ni tampoco cogerla”, añade, “pero cuando ves a gente escuchando música en alta resolución, tienen la misma expresión en sus caras, como si hubieran llevado a cabo el ritual de preparación, y eso se debe a la calidad”.

“Es como la primera vez que conduje un Porsche. Era el coche de un amigo y, para ser sincero, no soy un fanático de los Porsche, pero me encantó conducirlo, pude sentir la carretera a través de las ruedas, y cómo el coche y yo éramos uno. El hecho es que nunca olvidaré esa primera vez, y creo que eso es lo que la calidad puede hacer por la música”.

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Como cabe esperar de un hombre con una obsesión tan profunda por el audio, su propia instalación en casa es envidiable. Una de sus posesiones más preciadas es un sistema Sony Esprit bastante escaso que le costó años conseguir. “Estaban hechos a mano y había un número tan limitado que no se le diseñó el envoltorio, venían en simples cajas marrones con etiquetas adhesivas. Pero, sin duda, fue una experiencia extraordinaria. Me sentí como si se hubiera diseñado expresamente para mí. Según tengo entendido, hay menos de cinco de estos en todo el país”.

Independientemente de si te gusta o no la música, alguien tan apasionado como Eric tiene la capacidad de captar tu atención y hacer que te intereses por temas a los que nunca antes habías prestado atención, como la eficiencia energética de un equipo de Hi-Fi o los desconocidos códecs de audio, por ejemplo.

Pero lo más importante de todo es que Eric es simple y llanamente un amante de la música, y lo resume con elocuencia al final de nuestra conversación. “La música no sabe de fronteras culturales ni geográficas. Puedes hablar online con alguien al otro lado del mundo sobre música y parecerá que está a tu lado, es un lenguaje universal”.

Autor: Sony Europa
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