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‘Animals’, lanzado entre dos discos colosales como son ‘Wish You Were Here’ (1975) y ‘The Wall’ (1979), a menudo ha sido relegado a un segundo plano dentro del legado de Pink Floyd. Yorgos Goumas reivindica este interesantísimo LP que cumple 40 años de vida.

El contexto

A mediados de los 70 corrían tiempos turbulentos en Albión: la crisis energética y la importación de bienes asiáticos de bajo coste hicieron que el sector industrial estuviera en un punto crítico, que el desempleo y la inflación subieran sin control y que los sindicatos convocaran grandes huelgas que paralizaron el país, con el consiguiente descontento y agitación social, sin que el gobierno Laborista pudiera afrontar los problemas de manera adecuada (algo que llevó al Partido Conservador de Margaret Thatcher a ganar las elecciones en 1979).

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Paul Cook y Johnny Rotten de Sex Pistols usaron a Pink Floyd como punching bag a la hora de transmitir su discurso de ruptura con lo establecido

A nivel musical, dicha agitación social y la falta de perspectiva por parte de los jóvenes, a la par que el descontento con la música rock imperante del momento (considerada como una entidad que se miraba a su propio ombligo, sin conexión con la realidad social y transformada en un dinosaurio burgués, anquilosado en el pasado y perdido en las pajas mentales del rock progresivo, muy de moda por entonces), condujo al nacimiento del punk. De repente, todas las vacas sagradas del rock se encontraron bajo el escrutinio y el desprecio de los jóvenes; todo lo que sonaba a rock sinfónico y/o progresivo automáticamente era tachado de anticuado y pretencioso. Son notorias las camisetas de Pink Floyd que llevaban los miembros de Sex Pistols en las que añadieron de manera casera la frase “I Hate” (odio).

La banda de Waters, Gilmour, Wright y Mason no pasaba por su mejor momento: su contrato con EMI (curiosamente el mismo sello que iba a fichar de manera muy breve a los Sex Pistols poco después) había expirado, así que en 1975 decidieron construir su propio estudio (Britannia Row Studios). Una de las condiciones sine qua non para la banda a la hora de grabar era contar con acceso a un estudio sin limitaciones de horario, lo cual no solamente afectó la situación financiera de la banda, sino que contribuyó al sonido más crudo del ‘Animals’, debido al equipo barato con el que equiparon el estudio para ahorrar costes.

Por otra parte, el estratosférico éxito del ‘Dark Side of the Moon’ (1973) y ‘Wish You Were Here’ (1975) llevó a la banda, sobre todo a Roger Waters, a cuestionar su propia existencia: giras interminables por grandes estadios, la inevitable intervención de los ejecutivos de la discográfica pidiendo que hicieran música más comercial para engordar así sus propias cuentas bancarias (un rencor que ya se reflejaba en temas como “Welcome to the Machine” y “Have a Cigar”) y el cambio de la actitud de los fans tuvieron un profundo impacto en la psique de la banda. Rogers y Gilmour empezaron a contemplar la posibilidad de, incluso, disolverla: opinaban que el grupo había conseguido su metas y no tenía nada más que ofrecer a nivel artístico. Se sentían presos de su propio éxito y de los apetitos de un público cada vez más amplio; más desconectado de la esencia de la banda.

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Si antes en sus conciertos se observaba un silencio reverencial por parte de unos fans que entendían que sus shows no eran una mera ejecución de temas, sino de un concierto conceptual que incluía proyecciones y la transmisión de un determinado mensaje, ahora veían como la gente sólo les conocía por sus éxitos en la radio y sólo acudían a sus conciertos para escucharlos mientras se emborrachaban. Por si eso fuera poco, ellos mismos se estaban transformando lentamente en aquello que ellos mismos repudiaban: unos burgueses acomodados por obra y gracia del dinero inyectado por las ventas millonarias. Waters se aficionó al golf, David Gilmour a pilotar aviones, Rick Wright a navegar su propio velero y Nick Mason a coleccionar coches vintage de carreras. Entre tanto, se convertían en propietarios de bienes inmobiliarios tanto en Inglaterra como en extranjero. Todas esas contradicciones abonarían lo que iba a suceder a continuación.

Gestación y concepto del disco

La banda entró en el estudio en abril de 1976 con casi la mitad del material. Dos temas que se habían quedado fuera de las sesiones del ‘Wish You Were Here’ y que ya habían sido tocados en directo, “Raving and Drooling” y “You’ve Got to be Crazy”, fueron reconstruidos para convertirse en “Sheep” y “Dogs”, respectivamente. Dicho sea de paso, Waters aprovechó las distracciones del resto de la banda (Gilmour siendo padre y Wright envuelto a un divorcio) para tomar las riendas creativas, ya que con la excepción de una parte de “Dogs”, toda la música y las letras llevan su firma. Los padres de Waters eran de ideología socialista (la muerte de su padre, un objetor de conciencia, que aún así se alistó y pereció en la batalla de Anzio en 1944, le marcó para siempre) así que, por primera vez en la historia de la banda, pudo expresar de manera abierta sus puntos de vista progresistas. Tomó como referencia la novela de George Orwell, ‘Rebelión en la Granja’ (1945) y, aunque la novela era una crítica del régimen estalinista en la Unión Soviética, Waters se explayó a gusto en contra del sistema sociopolítico occidental capitalista (o neo-liberal, como se dice actualmente) usando a los tres animales. Los perros, los cerdos y las ovejas serían los representantes de las tres clases sociales prominentes.

Curiosamente, el único tono discordante con la agresividad y crudeza del disco viene con las dos partes del tema “Pigs on the Wing”, con el que se abre y se cierra el disco. No solamente es un tema breve y acústico, sino que además es el primer tema de amor en la discografía de la banda: aparentemente, Waters se inspiró en su entonces esposa Carolyne Christie, una de las muy pocas personas que podían no solamente penetrar en su cerrado y oscuro universo, sino retarle a nivel intelectual, tal como afirman los allegados de Waters, Nick Mason incluido, quien además añade que fue ella la que domó por primera vez la fiera que llevaba dentro el multiinstrumentista. El tema sirve como un faro de esperanza y ternura ante tanto cinismo y oscuridad, señalando al amor como el refugio del hombre moderno ante la inhumana sociedad, en la que el hombre es el lobo para el hombre, tal y como dijo Plauto.

El tema “Dogs”, de 17 minutos de duración, es el más cínico del disco, valga la redundancia ya que “cínico” proviene del griego antiguo kynos (perro). En él, los canes representan a la gente despiadada, sobre todo en el ámbito de los negocios, quienes hacen todo lo que está dentro de sus posibilidades lícitas e ilícitas para alcanzar el éxito. Son los depredadores de la época moderna y han transformado la sociedad para que en ella rija la ley del más fuerte y la desconfianza en nombre del poderoso caballero de Quevedo: Don Dinero. Sin embargo, toda esa lucha encarnizada para obtener el éxito materialista no llevará a ninguna parte, ya que algunos de ellos serán devorados por otros perros más fieros o acabaran muriendo solos, ya que en su ascenso feroz y despiadado hacia la cumbre se han quedado sin amigos.

Aunque en apariencia tuvieron una vida exitosa, en realidad ha sido miserable, teniendo que joder la vida a sus competidores en la disputa (carrera de ratas, como la llaman los anglosajones). Básicamente, vivieron su vida siguiendo los caminos dictados por los cerdos, la clase dominante, y no siguieron sus propios sueños y aspiraciones; consiguieron el éxito material a cambio de su alma: sembraron lo que cosecharon. Musicalmente hablando es el tema más progresivo del disco, con varias secciones que alternan entre lo místico y lo visceral. Contiene algunos de los mejores riffs de Gilmour y, en cierto modo, el duelo vocal de Waters-Gilmour representa la inminente fricción entre los dos músicos.

Los cerdos del tercer tema, “Pigs (Three Differente Ones)” representan la clase dominante. En el disco se dividen en 3 categorías, aunque solo la tercera acaba teniendo nombre y apellido: Mary Whitehouse, activista ultraconservadora que condujo varias campañas en contra de los cambios morales durante los años 60, cambios que percibía como una degradación de los valores tradicionales británicos; previamente, atacó a la banda como uno de los agentes de dicha “degradación”. Además, abogó por la censura de la violencia y del sexo en los medios de comunicación, y fue precursora del Parents Music Resource Center de Tipper Gore en los años 80.

Contexto marcado, se cree que la primera categoría son las grandes corporaciones, la segunda, sus lacayos los políticos; y la tercera, los adalides de la superioridad moral reflejados en las autoridades religiosas y los ultra-conservadores laicos. El lazo común entre las tres categorías es la hipocresía: muestran de cara a la sociedad una fachada amable y respetable, pero en realidad usan los perros como instrumentos para alcanzar sus fines.

Por otra parte, los adalides morales proyectan su disposición hacia los cambios que llegan con los nuevos tiempos, precisamente para ocultar su propio miedo ante ellos, ya que saben que pronto sus monsergas conservadoras acabarán en el cubo del reciclaje de la historia. Los cerdos son hipócritas y cobardes porque no se atreven manchar sus manos con el trabajo sucio que hacen los perros aunque, en lo más profundo de su alma, disfrutan de manera morbosa con la violencia y la impiedad de la sociedad hacia el prójimo más débil: las ovejas. A nivel musical, aparte del ritmo pseudofunky (con reminiscencias del “Have a Cigar”) y el uso del vocoder, lo que más destaca es el solo de Gilmour, posiblemente el más feroz de su discografía: sencillamente explosivo.

Las ovejas, “Sheep”, son el proletariado: la gente simple y trabajadora que vive en un mundo creado por los cerdos, donde se les oculta, a través de la manipulación y las distracciones mediáticas y religiosas, el hecho de que todo lo que hacen sólo sirve para que sus amos se enriquezcan a su costa, mientras que ellos sólo pueden contar con lo justo para sobrevivir mientras malgastan su vida en los medios de producción. Están encantados con lo que tienen y, además, no dudan en obedecer a sus amos, incluso hasta involucrarse en contiendas bélicas sin sentido para poder preservar las migas que les echan sus amos y que ellos, dentro de su ignorancia voluntaria o inducida, perciben como privilegios.

Sin embargo, de vez en cuando, las ovejas se sublevan (en este caso usando artes marciales) para derribar a sus opresores, los perros, y se ocupan de los medios de la producción, que al fin y al cabo son suyos… aunque todo es un circulo y los oprimidos llegan a ser los nuevos opresores, paradoja que se acentúa en el disco con la segunda parte del “Pigs on the Wing”, dejándonos con la impresión de que la verdadera revolución yace en el amor, que es la única manera para sobrevivir el yugo capitalista.

La ausencia de una conclusión contundente, de una explicación acerca de cómo hacer la sociedad más humana y justa, hacen de este tema el más marxista y a la vez el más nihilista y cínico de Waters. Básicamente, lo que nos dice es que sólo se puede sobrevivir a este mundo capitalista aguantando y aceptando lo que se nos viene encima, aprovechando las migajas que los cerdos nos echan desde arriba y comportándonos como unas ovejas obedientes: no hay salvación para los proletarios y las cadenas sólo cambian de propietario. Muy poderoso resulta ser también el simbolismo de recitar a través del vocoder y la manipulación de la letra del salmo 23 del Antiguo Testamento para que se adaptara al contexto de la canción, mientras que a nivel musical contamos con más riffs incendiarios por parte de Gilmour, la discreta similitud de la línea de bajo con la del tema “One of These Days” y la ingeniosa mezcla de la voz de Waters con el sintetizador.

La portada

pink-floyd-animals-portadaDesde luego, se trata de una de las portadas más icónicas y reconocibles de la historia del rock. Waters, su ideólogo, quiso ilustrar el desolado paisaje industrial, resultado del uso desaforado capitalista de los medios de producción (merecen una versión aparte las connotaciones fálicas de las cuatro chimeneas). Como modelo, le sirvió la central termoeléctrica del Battersea en Londres, el edificio de ladrillos más grande de Europa, que ya había aparecido en la película ‘Help’ (1965) de los Beatles. La idea de Waters también incluía la aparición de un cerdo volando por encima de la central, cuyo simbolismo era precisamente que habría una solución a todos los problemas que acarea el sistema capitalista “cuando vuelen los cerdos”, una expresión anglosajona usada para denotar la imposibilidad de que algo ocurra (una muestra más del nihilismo de Waters).

Waters insistió que la foto debería ser real sin nada de montajes, así que los encargados de dar forma a la visión de Waters serían una vez más Storm Thorgerson y su equipo de diseño gráfico, Hipgnosis, autores de varias portadas icónicas de discos de rock y Jeffrey Shaw, diseñador de Algie, tal como se llamaba cariñosamente el cerdo volador que tenía 12 metros de largo cuando se inflaba con helio y que fue construido por la misma empresa alemana que en pasado construyó los famosos dirigibles.

Es muy famosa la simpática historia de cómo el cerdo se libró de sus ataduras el segundo día de las sesiones fotográficas por culpa del viento y puso en alarma a los controladores del aeropuerto de Heathrow, ya que entró en las rutas de aterrizaje de los aviones comerciales. Los pilotos, quienes informaron acerca del avistamiento de un cerdo volador a 20,000 pies, fueron sometidos pocas horas después a diferentes pruebas de alcoholemia. Cabe añadir que el primer día de la sesión habían contratado a un tirador experto para que desinflara al cerdo una vez acabada la sesión, pero debido al poco satisfactorio resultado de las fotos, decidieron repetir la sesión el día siguiente, pero esta vez sin el tirador, para mantener los costes bajos… justo cuando más le necesitaban. Finalmente, una vez recuperado Algie de un campo en Kent, a unos 40 kilómetros de Londres, se hizo una tercera sesión de fotos pero, irónicamente, la portada acabo saliendo un montaje (tal como había sugerido Thorgeson) con la foto de la estación de la primera sesión y una foto de Algie de la tercera. Aún así, es infinitamente mejor que las dos ideas originales: una iba a mostrar a un niño sorprendiendo a sus padres en su habitación mientras copulaban como animales; la otra mostraba a tres patos clavados en una pared como muestra de la naturaleza animal humana. También hay que decir que la megalomanía de Waters ya empezaba a hacer estragos entre sus colaboradores, ya que hubo una discusión acerca de los créditos del diseño, algo que hizo que Storm no volviera a colaborar con la banda (que por otra parte eran amigos desde los tiempos de colegio) hasta el disco ‘Momentary Lapse of Reason’ de 1987.

Legado

poster-pink-floyd-in-the-fleshEste disco es considerado como la respuesta de Waters al movimiento punk, como un intento de mostrar que él también sabía reflejar y cargar en contra del zeitgeist de entonces… y solo menciono a Waters porque el resto de la banda, o no veía con buenos ojos sus letras cargadas ideológicamente (Gilmour), o simplemente no tenía la mente como para involucrarse en el proceso creativo (Wright). Aún así, están de acuerdo de que aquel fue el último disco que se forjó con el esfuerzo colectivo de la banda, tocando e improvisando en el local de ensayo antes de que Waters empezara a comportarse como un dictador, irónicamente con el mismo comportamiento totalitario que él mismo tanto odiaba. Aquellas sesiones también supusieron el principio del fin de Wright como miembro oficial de la banda (a partir de allí y hasta el ‘The Division Bell’ de 1994 aparecería en los créditos como músico adicional).

El disco, con solo 3 temas de más de 10 minutos (“Pigs on the Wing” sirve como intro y outro), fue concebido como una manera de hacer la peineta a los ejecutivos, que les pedían temas apropiados para la radio. Aún así, el disco llegó a vender más de 4 millones de copias sólo en EE.UU.. Algie también pasó a formar parte de la iconografía de la banda a nivel de directos, ya que aparecería en varias formas flotando por encima del público. Cuando Waters dejó la banda en 1985 y empezó a usar a un cerdo inflable en sus directos como solista, Gilmour y compañía decidieron usar un cerdo con genitales como respuesta.

Sin embargo, la consecuencia más importante a nivel artístico surgió durante la siguiente gira. Waters se dio cuenta de que no solamente la banda se había convertido irónicamente en una generadora de dinero para promotores, agentes, managers y ejecutivos, sino que también se sentía cada vez más desconectado de los fans. Ahora sólo tocaban en grandes estadios donde era imposible generar una comunión con el público; posteriormente, descubrieron que los promotores metían mucha más gente de la pactada.

Además, era imposible ofrecer un directo en condiciones, es decir, transmitir su mensaje, ya que cualquier cosa que tenían que decir se perdía entre petardos y gente borracha que sólo acudía allí porque un concierto de Pink Floyd era un evento social: algo para presumir con los colegas. En otras palabras, se habían convertido justo en lo que el mismísimo Waters aborrecía: unos perros al servicio de los cerdos que entretenían a las ovejas, acusación esgrimida por el movimiento punk.

Waters empezó a despotricar en contra del público ruidoso a lo largo de aquella gira que se hizo llamar “In The Flesh”. El colmo llegó en el último concierto de la gira, el 6 de julio de 1977 (minuto 33:30) en el estadio olímpico de Montreal: un Waters harto de todos y de todo acabó escupiendo a un fan borracho que intentaba subir al escenario. Aquel incidente le hizo reflexionar acerca de su actitud frente al estrellato y los fans, y empezó a hacer bocetos de un muro que se levantaría entre la banda y el público, enfatizando así el sentimiento de alienación que imperaba en la mente de Waters. Un concepto que dos años más tarde se transformaría en otro disco monumental de la banda… pero eso es otra historia.

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